34°26’08.6″S 57°13’55.8″W

DENOMINACIÓN: Casa Dos Piedras o Casas de Markus y Ditte

AÑO: 2004/05

LOCALIZACIÓN: Zona Rural Los Pinos, Colonia, Uruguay  (34°26’08.6″S 57°13’55.8″W)

MODALIDAD: Concurso privado (para estudiantes de Facultad de Arquitectura – Udelar) – 1º Premio

PROYECTO: Rafael La Paz

DIRECCIÓN OBRA: 1º Etapa: Arq. W. Gonzalez, 2º Etapa: Rafael La Paz

DIMENSIONES: 440 m2 (casa: 400 m2, atelier: 40 m2); terreno 5 hectáreas.

FOTOGRAFÍA: Markus M.(fotografías área)

ILUSTRACIÓN Y ANIMACIÓN: Serasketch (Sara Taglialatela)

MAS INFO:

NOTAS:

Una Arquitectura contemporánea anacrónica

Rafael La Paz

Markus y Ditte, alemanes, que después de salir de Berlín, y tras diez años de vivir en Key West,  se mudaban al sur,  a Uruguay; eligieron  un terreno frente al Río de la Plata,  en la zona rural del balneario Los Pinos de Colonia. Como querían una casa “especial” le propusieron a la Facultad de Arquitectura de Uruguay (Udelar) generar un concurso de ideas entre los estudiantes,  con un premio de 600 u$s y la posibilidad de construir una casa de más de 400 m2 antes de finalizar la carrera .  Coordinando con la Unidad de Relacionamiento con el Medio de la Facultad  se instrumentó el concurso. Los jurados serían ellos mismos, no habría un jurado de arquitectos. En las paredes de los corredores de la facultad aparecieron unas hojas A4 invitando a los estudiantes a participar. Solamente dieron como base  los metros cuadrados y la idea de que sea una casa “especial”, liberando a las propuestas de otras restricciones; querían que los estudiantes propusieran libremente sus ideas de casa. Nos presentamos unos 20 estudiantes. Días antes de la fecha en que se anunciaría el ganador recibí una llamada de la persona que los estaba ayudando a instalarse en Uruguay (un suizo que hacía diez años que estaba en el país); Markus quería tener una reunión conmigo y con el constructor, porque supuestamente mi proyecto estaba entre los que mas les interesaba, pero quería tener un intercambio de ideas para poder definir el ganador. Tiempo después me enteré que ellos ya habían elegido el proyecto presentado por mi como el proyecto ganador, el que sería construido,  pero Markus, que es psicólogo, quería conocerme personalmente antes de dar el premio. Sin saberlo en ese momento, esa fue la reunión que me bautizaría como apto para participar en intercambios intensos, donde las diferentes variantes que tensan un proyecto se ponen en juego a partir de los diferentes actores, de los cuales yo, esa vez, era inocentemente uno. En el correr de la conversación defendí algunas ideas, otras las deje caer, a determinadas propuestas las acepté  y otras las rechacé. Tras horas de reunión habíamos llegado a los ajustes de proyecto donde todos estábamos de acuerdo. Unos días después, en un bar, ya que la facultad decidió retirar el apoyo al concurso después de recibir protestas de algunos docentes que entendían que esa modalidad era una manera de utilizar a los estudiantes, pagar menos por el anteproyecto de una casa y, principalmente, le sacaba trabajo a los profesionales, recibí la noticia que había ganado. Los conflictivos 600 u$s al bolsillo y la convicción de que era hora de abandonar la condición de estudiante.

La propuesta  para el concurso fue surgiendo de una secuencia de “imágenes-recuerdos”, ya que todavía, cuatro años después, estaban muy presente los recuerdos del viaje de estudiante que había realizado en el año 2000 y que me había permitido durante 9 meses visitar la arquitectura de 27 países de los cuatro puntos cardinales. También, en el momento del concurso, recordaba que el arquitecto uruguayo Vilamajo, en la misma época en que Le Corbusier buscaba construir su manifiesto, construyó su casa propia a puro recuerdos y emociones de viajes pasados. Desbordado de imágenes-recuerdos me faltaba un algo que ordene, o que contenga, esas imágenes; decidí ir a la zona donde se construiría la casa y en la soledad del paisaje de arena y juncos deambule hasta dar con un par de piedras. Al jugar con ellas apareció la imagen-madre, el lugar desde donde saldrían a voluntad aquellas imágenes acumuladas en el viaje,  pero también, el lugar desde donde surgirían esas construcciones locales, muchas de ellas perteneciente a la vida rural del «interior» uruguayo, que se habían incrustado en mi imaginación mucho antes del viaje. Una casa, dos volúmenes o dos piedras, una grande (casa) y una pequeña (atelier). Y como si esas piedras fueran descendientes del Aleph de Borges (cuento que no paraba de leer en esos días) las hice girar hasta dejar salir de ellas todos los recuerdos posibles: calles medievales, casas con patios, casas romanas con impluvium, casas rurales  de la zona con pisos de ladrillos, bancos de casas antiguas, las casas blancas del mediterráneo, las arquitecturas no ortogonales de los 90, las villas simétricas de Andrea Palladio, las casas de Barragan en México, las arquitecturas náuticas uruguayas, las arquitecturas del cuento El Inmortal de Borges….Pero esas imágenes-recuerdos se iba seleccionando de acuerdo a un deseo:  más que la de proyectar una casa “especial”, quería arribar al diseño de una casa cómoda, donde  el tiempo-vida transcurra, y en ese transcurrir cotidiano poder palpar, entre otras señales, los fantasmas de las arquitecturas recordadas. Sospecho que cualquier jurado conformado por arquitectos de la facultad no hubiese seleccionado mi proyecto; por suerte era una pareja de alemanes y el proyecto parecía calzarle al dedo. Un amigo arquitecto, en ese momento estudiante como yo, me criticaba que la volumetría del proyecto no se parecía al de las piedras; la casa, me decía, no se parece a las piedras y que yo como diseñador no había sido honesto, o profundo, con la imagen inicial, metáfora de las dos piedras. En esos años en facultad había una modalidad de proyectar que entendía que un buen proyecto era aquel que surgía de una imagen «fuerte»; y, que después, el diseño tenía que volverse obsesivo hasta lograr que el proyecto refleje esa imagen fuerte que disparó el diseño. Si había comenzado con una imagen de dos piedras, muchos esperaban ver construido, como resultado coherente, una casa que se visualice como dos piedras. Lejos de eso, yo quería proyectar una casa, y las dos piedras solo serían el comienzo de un proceso de diseño que sería abierto  y que principalmente desvariaría entre recuerdos. Esa no obsesión, y entender el proceso creativo como un devenir de tensiones, que día a día, sin mirar atrás, se va abriendo a nuevas posibilidades, pienso que fue lo que permitió que el proyecto haya tenido una plasticidad en la realidad, principalmente durante la construcción, mayor de las que yo esperaba mientras jugaba mientras preparaba el concurso.

Con Markus y Ditte, tras aquel extraño encuentro, llevamos más de diez años de amistad; la casa la visito todos los años, y también he vivido por 4 años en ella, en los momentos en que ellos no se encontraban en el país.  Pienso que la proyecté sin la menor preocupación de que sea elegida como el proyecto ganador a construir, primaba más la necesidad de articular mi modo personal de pensar la arquitectura domestica, y sus espacios cotidianos, como sueños habitables (incluida la variantes pesadillescas)  cruzados por ventiscas surrealistas, etéreas y matéricas, y por fantasías románticas; una arquitectura contemporánea anacrónica. Sin darme cuenta la casa se construyó. Cuando empezó la construcción jamás imaginé que viviría en ella y sin embargo terminó siendo mi vivienda por 4 años. Cada vez que vuelvo a ella, es volver a un lugar que ya ha dejado de ser «la casa que diseñé» para transformarse en un rincón del mundo, donde sin darme cuenta, atravieso un umbral, el cual nunca puedo definir exactamente donde se ubica, para entrar y observar que la realidad se parece a una mochila que uno puede dejar en la entrada.

DIBUJOS

En los gráficos presentados al concurso se pude ver algunas de las diferencias entre la propuesta  y la construcción. Las fachadas, se presentaron en la fase del concurso, con sectores, donde se producirían variaciones en el revoque, que serían pintados de colores intensos; fragmentos que intentarían bifurcar la percepción entre la arquitectura lisa y blanca de la Europa mediterránea y la arquitectura rugosa y colorida de Latinoamérica. La casa finalmente se pintó de blanco, descartando la idea de los fragmentos coloridos, pero puede ser que algún día estos se realicen, ya que cada tanto en las reuniones con Markus y Ditte aparecen los dibujos del concurso y tratamos de imaginarnos si hubiese sido bueno haberlos realizados, o si estaría bien que en algún momento se materialicen. También se puede ver un mirador, el cual se había propuesto como una torre acristalada que se elevaba desde el patio interior. Tampoco se ha construido, pero se ha hablado de la posibilidad de construir cerca de la casa una torre que combine deposito de agua de altura y mirador. Por otro lado, imaginar cambios y variaciones al diseño original de la casa pertenece más, a un pasatiempo compartido con Markus y Ditte, que en vez de dejar transcurrir el tiempo jugando a la ajedrez, por ejemplo, nos dedicamos a construir imágenes posibles de la casa, que se materializan y desvanecen en lo que duran las conversaciones.